Pintura bajo la mano femenina

Por Felix Kristia


La historia –como fruto de una sociedad que avanza rápidamente en muchos aspectos y muy lento en otros– nos ha legado un extenso telón encargado de mantener en las sombras infinidad de hechos y personajes que en su determinado momento tuvieron repercusión en la civilización. Afortunadamente, lo que se encuentra en las sombras no es que no exista, sólo es de acercarse con la luz suficiente para desenterrar el tesoro escondido. Por ello me dispondré a hablar de algunas maravillosas mujeres que merecen su lugar dentro de la cultura popular.

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Sofonisba Anguissola, autorretrato

Comienzo con Sofonisba Anguissola, pintora italiana del Renacimiento tardío considerada una de las primeras pintoras profesionales. Su padre, un hombre seguramente de muy buen juicio y perteneciente a una clase más o menos privilegiada, se encargó de brindarle una buena educación a ella y a sus hermanas, las cuales también poseían dones artísticos, desde la pintura como en el caso de tres de ellas, y la literatura en caso de la cuarta. Tuvo un hermano, el cual fue el único en inclinarse por la música. Con el paso del tiempo, o mejor dicho, con el paso a la madurez, algunas de sus hermanas tuvieron que ceder ante los lineamientos prácticamente impuestos de la siempre entrometida sociedad, por lo que tuvieron que hacer a un lado sus talentos. Una de las jóvenes se convirtió en monja y otras dos abandonaron sus aspiraciones artísticas a favor de contraer matrimonio. Sofonisba se convirtió, entonces, en el retoño que más lejos llegaría en el mundo del arte, destacando en el retrato. Fue aceptada bajo la tutela de varios pintores famosos del momento, forjando de esta manera un antes y un después en la inclusión de las mujeres en la educación artística.

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“Lucia, Minerva y Europa Anguissola jugando ajedrez”, 1555

Cuando la talentosa mujer viajó a Roma conoció a Miguel Ángel. El famoso pintor le puso una clase de prueba: que pintara un niño llorando para conocer sus habilidades, y ésta dibujó la obra que nos ha llegado con el nombre “Niño mordido por un cangrejo”. Miguel Ángel en ese momento supo que había encontrado a una gran artista. Sofonisba se convirtió en su colaboradora, y hasta cierto punto, su aprendiz, acontecimientos que quedaron documentados en la interesante obra literaria de Giorgio Vasari, el cual, siendo testigo, inmortalizó las historias y biografías de varios de los mejores artistas del Renacimiento y por ende de la historia. A pesar del talento de Sofonisba, así como de su camino no (muy) truncado por parte de terceros, nunca sobra añadir que los estereotipos siempre han estado vigentes, por lo que también tuvo que enfrentarse a barreras sociales invisibles, por ejemplo, por ser mujer se le negó estudiar conceptos artísticos como los concernientes a la anatomía, pues no era “correcto” que las mujeres vieran cuerpos desnudos, así que tuvo que limitarse a los retratos. Sin embargo convirtió esto en una fortaleza y logró destacar en esta clase de representación pictórica y logrando obtener un estilo propio. De esta manera consiguió retratar a influyentes personajes de la época como el Duque de Alba, quien a su vez la recomendó al rey Felipe II de España, éste último la convertiría en la pintora de la corte y de la familia real española.

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“Niño mordido por un cangrejo”

Sofonisba llegaría a casarse a una relativa avanzada edad. Tuvo dos esposos, el primero, algo mayor, murió antes que ella; y el segundo, algo menor, murió después de ella, y afortunadamente ninguno de los dos fue un impedimento para que ella siguiera con su vida profesional, de esos detalles que hacen falta más en la historia (y en la actualidad).

Con el paso de los años su reputación continuaba aumentando y recibió a varios jóvenes pintores que estaban dispuestos a aprender de ella.

Murió en 1625. Su segundo y último esposo, algunos años después de la muerte de su querida compañera, colocó una inscripción en su tumba que dice: “A Sofonisba, mi mujer (…) quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre (…). Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer”.

 


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Artemisia Gentileschi, autorretrato

Artemisia Gentileschi (1593-1654/56) fue una pintora italiana de inicio de la época Barroca. Desde temprana edad recibió educación artística por parte de su padre Orazio Gentileschi, también pintor, inculcándole el estilo de Caravaggio con el que él, al igual que muchos pintores de la época, estaba bastante familiarizado.

Como vimos anteriormente con Sofonisba, por ser mujer, la joven Artemisia no pudo estudiar en la academia de arte para seguir mejorando su técnica, de manera que su padre le consiguió un instructor privado, Agostino Tassi. Lamentablemente la llegada de este sujeto a su vida marcaría un punto oscuro; Tassi abusó sexualmente de ella, iniciando así un humillante proceso penal que duraría varios meses y del que ha quedado bastante documentación, logrando a su vez que podamos conocer acerca de los procedimientos judiciales concernientes al perjuicio contra las mujeres en ese tiempo. Durante el proceso Artemisia tuvo que soportar la tortura infligida a sus dedos para corroborar que no cambiaría su versión de los hechos ni siquiera bajo dolor y así saber que estaba diciendo la verdad. Finalmente el perpetuador, al que le descubrieron además otros cargos, fue juzgado, condenado a un año de prisión y posteriormente exiliado. Poco tiempo después Artemisia se casó con un pintor y logró “recuperar su honor” a ojos de la gente. Todo este acontecimiento pareció haber influido en parte de su obra artística, pues los personajes de algunas de sus pinturas poseen gestos violentos y vívidos deseos de venganza, como en el caso de una de sus mayores obras “Judith decapitando a Holofernes”.

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“Judith decapitando a Holofernes” (2da versión y en la que -se dice- dotó a los rostros los rasgos de Tassi en Holofernes y los de ella en Judith)

En 1614 Artemisia viajó a Florencia, en donde gozó de buena reputación y éxito. Fue la primera mujer en estudiar en la Accademia del Disegn en dicha ciudad, convirtiéndose así en pionera de un cambio de pensamiento social. Logró posicionarse como una gran pintora y mantuvo buenas relaciones con interesantes personajes como Galileo Galilei o Cosme II de Médici. Entre estas amistades destacó también el sobrino de Miguel Ángel, quien le encomendó la labor de hacer una pintura para decorar el techo de la Casa Buonarroti, erigida en honor a su famoso tío. El resultado fue “Alegoría de la inclinación”, pintada cuando tenía 22 años y dotada de una gran sensualidad incluso para la época; de hecho, como al ser humano siempre le ha incomodado tanto su propia naturaleza, décadas más tarde se ordenaría a otro pintor hacerle sutiles vestimentas a la mujer de la obra (que muchos identifican como una versión de su propia autora), y así es como nos ha llegado hoy en día.

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“Alegoría de la inclinación”

Su estilo se caracterizaba por un realismo siempre en constante mejora, y en el uso del claroscuro (fuertes contrastes entre elementos) como una de las técnicas para dotar de mayor dramatismo a las obras, aspectos muy influenciados por la obra de Caravaggio. Varios críticos de arte han ovacionado varias características de su trabajo, por ejemplo, en la mencionada obra de Judith y Holofernes, destaca por su realismo, entre otras, la distancia que toma Judith con respecto a su víctima, dando a entender que no desea manchar su vestido con sangre.

Emprendió viaje varias veces, pasando por Roma, aunque aquí no tuvo el éxito esperado; Londres, en donde se convirtió junto a su padre en pintora de la corte; y Nápoles, este último en donde se quedaría hasta el final de sus días, de los cuales no se conoce mucho.

Artemisia murió entre 1654 y 1656; poco después fue prácticamente olvidada hasta el siglo pasado. Su tumba fue destruida como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.

 


Interludio

Clara Peeters (1594-1657) fue una pintora flamenca considerada una de las precursoras del bodegón o naturaleza muerta en los Países Bajos.

No se sabe mucho de su vida. Su obra está dotada de gran detalle; un aspecto a resaltar de sus pinturas es que en muchas de ellas aparecen retratos “escondidos”, es decir, se pueden apreciar, por ejemplo, en los reflejos de la vajilla, técnica que no se popularizaría hasta tiempo después. En 2016 Clara se convirtió en la primera mujer pintora en protagonizar una exposición en el Museo del Prado.

“Naturaleza muerta con las flores y copas de oro” (con la imagen de la artista en los reflejos de la copa derecha), 1612

 


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Berthe Morisot, Autorretrato

Berthe Morisot (1841-1895) fue una pintora expresionista francesa. Nació dentro de una familia bien acomodada, y como era habitual que los hijos e hijas de burgueses recibieran educación artística desde temprana edad, Berthe y su hermana estudiarían bajo la tutela de varios pintores. Uno de ellos, Joseph Guichard, les hacía visitar la galería del Louvre para que aprendieran observando e imitando las obras expuestas. Las dos hermanas Morisot trabajaron con su mutua compañía durante sus años de preparación artística hasta que Edma, la hermana de Berthe, como vimos en casos anteriores dejó de lado su posible vocación como pintora para entregarse a la vida familiar, ya saben, matrimonio, hijos y eso. Otro de los profesores que tuvo Berthe durante su aprendizaje fue Camille Corot, de quien heredaría la costumbre de pintar al aire libre. Posteriormente se vería influenciada por el trabajo de Renoir; éste último pintó varios retratos de Berthe.

En 1868 conoce a Édouard Manet, importante pintor considerado uno de los pioneros en el estilo expresionista. Desarrollaron una estrecha amistad y admiración mutua e inclusive Berthe se casó con el hermano de Édouard, Eugène. Muchos de los retratos que nos han llegado de Morisot fueron pintados por Manet; también fue de ella que adquirió el gusto por pintar en las afueras, tal como había sido persuadida por Corot años atrás.

Durante su vida participó en gran número de exposiciones, destacando las exhibiciones del “Salón de París” (la exposición de arte oficial de la Academia de Bellas Artes de París), además de ser una de las pocas artistas que siempre expuso obras en todas las exhibiciones expresionistas, llegando a recibir buenas críticas y considerándola uno de los artistas más refinados del expresionismo.

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“Eugène Manet en la isla de Wight”, 1875

Con la llegada de su maduración como pintora, su estilo llegó a caracterizarse por una mayor libertad en las pinceladas, esto es, trazos más largos, rápidos y sinuosos que se alejan aún más del realismo; también era usual que dejara los bordes de sus pinturas sin terminar, destacando los elementos principales que quería representar. El contenido de sus obras gira en torno al ambiente en el que se desenvolvía (o en el que se le permitía desenvolver), muy propio de las mujeres burguesas de la época: la vida doméstica o campestre y el retrato, ya que en esos tiempos a las mujeres artistas no les permitían pintar cuestiones correspondientes al entorno social masculino. También cabe señalar que muchos de los retratos que realizó fueron a su hija Julie, con la que guardaba una relación muy cercana.

Berthe murió en 1895 de una neumonía. En febrero del 2013 Morisot se volvió la artista femenina con el mayor precio por un cuadro, “Después del Almuerzo”, el cual fue vendido por $10.9 millones en una de las casas de subastas más famosas del mundo.

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“Después del almuerzo”, 1881


Gabriele Münter, nacida en 1877, fue una pintora alemana del expresionismo, conocida también por haber salvado pinturas hechas por miembros del grupo llamado “Der Blaue Reiter” durante la Segunda Guerra Mundial.

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Gabriele Münter, autorretrato, 1908

Nació en Berlín, en una familia de clase media-alta la cual apoyó su decisión de volverse artista. En vista que por ser mujer no podía ingresar en las academias de arte de Berlín, tomó clases en la Escuela de la Mujer Artista, en donde no sentía que sus facultades hubieran sido retadas. Años después ingresaría a una escuela nueva progresista de Munich, Phalanx, donde se puso bajo la tutela del director de la misma, un tipo llamado Wassily Kandinsky, quien tomó en serio el trabajo de Gabriele, entre otras cosas de índole más personal que no nos debería incumbir.

En 1911 Münter, Kandinsky, entre otros, formaron el grupo expresionista Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), los cuales compartían el deseo común de expresar lo que consideraban verdades espirituales a través del arte, además de fomentar un vínculo entre los distintos tipos de creación artística, como el arte visual y la música. También defendían un enfoque más espontáneo o intuitivo que conduciría el arte moderno hacia la abstracción.

Münter siempre estuvo interesada en los paisajes, los suyos estaban dotados de una simplificada versión del Jugendstil (el equivalente alemán del modernismo en España, o el Art Nouveau en Francia) junto al un simbolismo sugestivo mediante el uso colores y formas fuertes. Sin embargo, una vez fundado el grupo El Jinete Azul, a pesar de seguir pintando paisajes, los hacía cada vez con mayor inclinación hacia la abstracción.

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“Anochecer en St. Cloud”, 1906, Museo Brooklyn

En su cumpleaños número 80, Münter donó toda su colección, que constaba de más de 80 pinturas al óleo y 330 dibujos, a la galería Städtische en Múnich. Estas obras las había escondido muy bien en su casa durante la Segunda Guerra Mundial debido a que los movimientos modernistas o vanguardistas eran a menudo perseguidos por los personajes del III Reich.

Murió en su casa en mayo de 1962.

 


Interludio

Zinaida Serebriakova (1884-1967) fue una pintora rusa, considerada la primera pintora distinguida de Rusia. Nacida en una familia de alta trayectoria artística. En un principio sus obras se enfocaron en mostrar la belleza de Rusia, desde el campo hasta las personas.

Con la Revolución Rusa inició una dura etapa de su vida; su esposo murió, los ahorros de su familia fueron saqueados y tuvo que encargarse sola de sus cuatro hijos y de su madre enferma. Para ahorrar dinero renunció al óleo y comenzó a pintar con técnicas menos costosas como lápiz y carbón. De esta etapa de su vida se inspiró la obra “Castillo de naipes”. Ella sobrevivió y con el tiempo pudo trasladarse a París, desde donde continuó viajando y pintando escenas que pudo apreciar en sus viajes, como paisajes del norte de África y mujeres árabes.

Sus obras fueron expuestas en diversas exposiciones soviéticas y francesas, llegando a convertirse en una artista de gran reputación. Murió en París en 1967 y fue enterrada en esta ciudad.

“Castillo de naipes”


Transformación y regeneración del cuerpo humano en búsqueda de experiencias espirituales elevadas que nos acerquen a un mundo inmaterial, fantástico, y para algunos, más real que el que habitamos; así es la obra de Remedios Varo.

Remedios Varo

Remedios Varo nació en España, en diciembre de 1908. Hubo dos cuestiones que fueron constantes en su vida desde temprana edad, por un lado padecía de problemas cardíacos, por el otro su interés en la pintura, llegando hasta cierto punto en fundir estas dos fuerzas. Como en casos que vimos anteriormente, el padre de Remedios apoyaría la inclinación artística de la joven, la cual con tan solo 15 años ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

Vivió un tiempo en París y posteriormente en Barcelona, trabajando como dibujante publicitaria. Su acercamiento al surrealismo ocurrió cuando conoció a varios artistas del llamado círculo surrealista fundado por André Breton, el mayor teórico del surrealismo. Luego, después de varias exposiciones y sucesos relacionados a la guerra civil española, regresó a París y residió en la ciudad hasta la ocupación nazi.

En 1941 abandona Francia con ayuda de varios amigos y, gracias a la política de acogida de refugiados que estaba siendo llevada a cabo en México, lograron residir en este país americano y obtener la nacionalidad.

“Armonía (Autorretrato Sugerente)”, 1956

A pesar de haber conocido a diversos personajes que resuenan en la cultura popular contemporánea, como Frida Kahlo, Diego Rivera y Octavio Paz, llegó a tener una más cercana amistad con otros artistas e intelectuales también nacionalizados como Leonora Carrington, pintora surrealista a quien había conocido tiempo atrás en París.

Remedios Varo participó en muchas exposiciones nacionales e internacionales a lo largo de su vida; en 1958 ganó el primer lugar en el Primer Salón de la Plástica Femenina de las Galerías Excélsior. Logró destacar como una respetada artista aun dentro de la escena muralista mexicana, no tanto por el trabajo en murales sino porque varias de sus pinturas se exhibieron (y se exhiben) en distintas instituciones mexicanas.

El tema de sus obras fue influenciado por la ciencia, el psicoanálisis y el misticismo, más que todo la alquimia, representando a las personas llevando a cabo labores de carácter simbólico y espiritual.

“Tránsito en Espiral”, 1962

Remedios falleció en octubre de 1963 en la Ciudad de México, a causa de un infarto. Un árbol de eucalipto se yergue sobre su tumba, petición que dejó escrita. La última obra que pintó se llama “naturaleza muerta resucitando”, curiosamente la única de sus pinturas donde no hay un ser humano.

“Naturaleza Muerta Resucitando”, 1963

“Pintó en la aparición, la desaparición. Raíces, follajes, rayos astrales, cabellos, pelos de la barba, espirales del sonido: hilos de muerte, hilos de vida, hilos de tiempo. La trama se teje y desteje: irreal lo que llamamos vida, irreal lo que llamamos muerte – sólo es real la tela. Remedios anti-Parca. Nos sorprende porque pintó sorprendida. Las formas buscan su forma, la forma busca su disolución”.

_Octavio Paz

 


Coda

La ya mencionada Leonora Carrington nació en Inglaterra en 1917. Fue una pintora surrealista y escritora nacionalizada mexicana.

Leonora Carrington

Fue el pintor alemán Max Ernst quien la introdujo en el movimiento surrealista y con quien guardó una relación sentimental. Vivieron un tiempo en París pero la ocupación nazi los separaría; Ernst fue aprisionado y ella comenzó a presentar inestabilidad mental a causa de su depresión. Sin embargo Leonora se vio obligada a huir, primero hacia España en donde estuvo internada en un hospital psiquiátrico. Las obras y su situación mental en esta etapa se volvieron un objeto de interés del ya mencionado André Breton, influenciando sus trabajos literarios y reconociéndola como una especie de figura que camina entre dos mundos.

En 1941 escapó del hospital y huyó hacia Portugal, y un año después encontraría refugio en México, topándose con otros artistas en exilio como su gran amiga Remedios Varo.

Su obra fue influenciada por la alquimia y la fantasía. También fue escultora y escribió varios libros, como “La casa del miedo”, libro de cuentos.

En el año 2005 ganó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes, otorgado por el gobierno de México. Murió en esta ciudad en mayo de 2011.

“El gran adiós”

“La locura puede llevarte a la iluminación”

_Leonora Carrington

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Publicado por partes en Revista Petra (CR), 2017

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