¿Encarrilar el feminismo?

Por Felix Kristia | Pintura por Julien Dupré


 

Grettel es una joven madre, de unos 21 años diría yo, con bella cara redondeada llena de pecas, algo no muy común en tez morena; una larga trenza negra casi alcanza su cadera y lleva puesto un chonete para protegerse del intenso sol. Algo coqueta y sonriente. Trajo al mundo a tres hijos y nunca se ha casado, aunque se ha juntado dos veces.

Nunca entró al colegio y yo me atrevería a decir que ni siquiera terminó la escuela, si es que ingresó a ella alguna vez. Huyó de su primera pareja por tratarse de un agresor, pero éste se quedó con uno de sus hijos, al que la joven no ve desde hace meses. Ella dejó pasar esa situación, “¿pero qué podría hacer?”, se pregunta, “así son las cosas”, dice. No conoce las leyes ni sus derechos como madre o como mujer; no fue criada para eso, así como seguramente su madre y su padre no fueron educados para eso. Sin embargo a pesar de su juventud y de sus desdichas ella intenta sobrevivir mediante trabajos informales; un día limpia alguna casa, otro día cocina para algún vecino o se acerca a vender tarjetas cerca de los almacenes de Golfito.

En ocasiones viaja a Pérez Zeledón a visitar a sus familiares. Una tarde en uno de estos viajes, por causas del azar la joven Grettel pasaba por un espacio semiabierto, algo así como un salón comunal en donde estaban sentadas varias mujeres y algunos hombres viendo a una elegante mujer, de cabello recogido y finos anteojos, hablándoles a los espectadores mientras se asistía con unas imágenes que se proyectaban casi mágicamente sobre la pared a su espalda. Grettel examinó ambos lados de donde se encontraba y se dio cuenta que no había nadie cobrando entrada, así que tomó asiento.

La elegante mujer de enfrente, bastante joven para su sorpresa, de tono firme y lenguaje rebuscado, hablaba de cosas que le parecieron muy curiosas. La expositora mencionó a una mujer llamada Simone de Beauvoir y platicaba sobre los aspectos históricos y teóricos que ésta legó al mundo; hablaba del talento de las Brontë y de las anécdotas relacionadas a mujeres de ciencia como Marie Curie y Cecilia Payne-Gaposchkin, y de cómo enfrentaron las adversidades encontradas en profesiones dominadas por hombres. Las personas del público sonreían, asentían, reían, y al terminar la charla, aplaudían. Grettel se sentía muy cómoda en ese lugar, en ese pequeño tiempo de ocio bajo sombra y rodeada de buenas actitudes; luego se levantó y continuó con su día como si nada hubiera pasado.

La cuestión es que Grettel no entendió nada de lo que había escuchado. Para ella eran desconocidas palabras como uranio, espectro, o “física” dicha en un contexto que no hacía alusión al ejercicio; no entendía palabras como feminismo, pues se crio en un ambiente donde era recurrente la palabra “hembra” para definir a sus semejantes; desconocía expresiones como “pensamiento de izquierda” o revolución, no comprendía qué significaba aquello de abstencionismo a tener hijos u operación de trompas de Falopio. Una buena semilla pudo haber sido plantada, pero lamentablemente la tierra no era fértil.

 

Feminización de la pobreza

Aunque abarca un concepto más amplio, podemos denominar “feminización de la pobreza” al índice de desempleo y pobreza de las mujeres jefas de hogar, cifra que se incrementa a medida que nos alejamos de la Gran Área Metropolitana. Para añadir, se ha estimado que casi la mitad de los hogares en Costa Rica sostenidos por mujeres viven en estado de pobreza extrema1. Entre las variables que inciden en estos números se pueden citar la diferencia salarial con respecto a los hombres, las condiciones inestables de los trabajos esporádicos, la discriminación en la educación, la violencia contra las mujeres, la huida de la paternidad y los tradicionalismos de género enraizados en la cultura popular. Varias instituciones y diversos planes de acción han sido llevados a cabo para poder enfrentar estas cifras y lograr brindar apoyo a las mujeres jefas de hogar, pero se ha de decir que los pasos son lentos.

Por fin mi pregunta y el punto de todo esto (y espero que no me tomen a la ligera): ¿ha logrado el feminismo actual, y me refiero específicamente a ese que se ve en los medios de comunicación y redes sociales encabezadas por círculos intelectuales, contribuir a la disminución de la pobreza, desigualdad y analfabetismo de las mujeres más desfavorecidas del país?

Bifurcación del feminismo

Intentaré explicarme mejor. Si bien Grettel es una mujer real, también representa a todas esas mujeres que han crecido en ambientes no aptos para el desarrollo personal y que no han tenido el privilegio de una alta educación. Es común ver el incremento de las denuncias en contra de la desigualdad social y la divulgación de información a favor de la liberación femenina, pero en gran medida los portavoces de esto son personas ilustradas, jóvenes y activistas universitarios o profesionales de distintos campos. A muchos de estos grupos se les puede ver compartiendo frases de Simone o Virginia Woolf en las redes de información y usando con orgullo prendas con la imagen de la Frida. Dialogan sobre ser libres, emanciparse del hombre y ser dueñas de su propio cuerpo ajenas a las opiniones de una plebe inculta (y eso está muy bien por supuesto). Muchas de las personas, que estudian y estudiadas, tal vez no tuvieron la desdicha de haber nacido en una familia en pobreza crítica o haber sido privados de la educación, o tampoco tuvieron muchas complicaciones en cuanto a su poder adquisitivo que les impidiera comprar libros. 

La realidad es que la etiqueta del feminismo se está volviendo un producto de las élites (si es que no lo es ya) o de las clases intelectuales más favorecidas que crecieron con la habilidad de digerir mayor información sin sentir miedo de ser discriminadas a la hora de expresar sus opiniones. Pero ¿y las mujeres como Grettel, esos rostros de la feminización de la pobreza, de qué les sirve las teorías revolucionarias para poder acceder a los conocimientos básicos de la sociedad que contribuyan a la capacitación hacia el empoderamiento? ¿Cómo podrían explicarles acerca de las distintas políticas y líneas de pensamiento, incluso sobre los estereotipos, si muchas de ellas con dificultad saben leer?

Camino por seguir

Engels hace más de 100 años había dejado escrito: “La emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico”2.

Existen varios proyectos comunales incentivados, entre otros, por algunas instituciones que valen la pena prestar atención. Mencionaré como ejemplo la Municipalidad de Tibás, que mediante uno de sus programas3 brindó asesoría a mujeres de León XIII en temas de empoderamiento y acceso a las fuentes laborales. Todo esto fue posible mediante charlas y capacitaciones gratuitas las cuales se enfocaron en temas como la banca, las pymes, la autoestima, así como en invitar a mujeres emprendedoras que comenzaron desde cero sus negocios, vivos ejemplos de superación para compartir sus experiencias con las asistentes, demostrando también, al igual que nuestros pensadores y pensadoras universales, que la dependencia al hombre es un comportamiento heredado que puede ser superado.

Nietzsche, quizá algo idealista pero siempre espléndido, habló alguna vez del suprahombre, un cambio comparable a la iluminación del espíritu en un contexto tal vez más racional; pero debido a los prejuicios del autor excluyó a la mujer de poder alcanzar tal grado. Ahora en el siglo XXI donde han caído innumerables barreras y el dudar ya no estremece tanto a la humanidad, es necesario que se hable de la supramujer, la mujer libre, sin ataduras, así las quiero ver y a la humanidad entera; pero de la misma manera en que el “Zaratustra” Nietzscheano había bajado de la montaña para despertar a los humanos, le toca a las mujeres –junto a los hombres por supuesto– bajar por las que quedaron atrapadas abajo, en los pueblos, criando niños solas, lavando ropa, más allá de que las intenciones queden en palabras, la moda y en los círculos teóricos.

Estoy seguro de que Grettel después de haber visto y experimentado distintas maneras para poder dirigir su vida hacia la independencia y el descubrimiento de sus propias facultades no tendrá problema alguno en cultivarse con las maravillosas mujeres que han construido historia. Pero no hay que confundir los caminos.

_

Notas:

  1. Estudios realizados por el INAMU junto a otras instituciones. Fuente.
  2. Engels, F. (1884). El origen de la familia. Capítulo IX: Barbarie y civilización.
  3. El programa “Empoderamiento de mujeres tibaseñas”.

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La versión original del presente artículo fue publicada en Contexto (CR), 02/2017

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